Semillas de Cambio

Semillas de Cambio

Datos del Proyecto

Organización: Fundación Metáfora para el Desarrollo Sustentable y la Cooperación Internacional.
Provincia: Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Temática: Programas Educativos
Monto del Proyecto: 813.650

Descripción del Proyecto

El objetivo general es mejorar la calidad nutricional del menú escolar a través del desarrollo de huertas agroecológicas en cinco colegios públicos pertenecientes a cuatro de los barrios más vulnerables de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Soldati, Lugano, Villa 31 y Villa 20). Durante el proceso de armado y diseño de las mismas, se trabajará en la sensibilización de 500 alumnos y alumnas de entre 5 y 8 años y, a su vez con sus docentes y personal directivo, capacitándolos en temáticas de educación ambiental. En simultáneo, se formará al personal auxiliar encargado de la elaboración de las comidas en alimentación equilibrada y sana, nutrición y consumo responsable.

“Semillas de Cambio” consta de dos etapas:
1era etapa: implementación de los talleres de sensibilización y concientización para los alumnos y capacitación para los docentes de las escuelas involucradas (Marzo – Julio).
2da etapa: construcción participativa del huerto escolar y valorización del mismo como herramienta de educación social y ambiental. (Agosto – Diciembre).

1era etapa (Marzo – Julio):
Se realizarán cuatro encuentros con cada una de las instituciones.
Excursión de los alumnos a la huerta modelo de Raíces Urbanas
Realización de los talleres de educación ambiental en las escuelas.
Capacitación docente en sustentabilidad como herramienta educativa.
Trabajo con el personal auxiliar encargado de las comidas sobre alimentación saludable y diseño del menú escolar, a cargo de profesionales de la salud.

Primer encuentro con los alumnos: el mismo consistirá en una visita a la huerta urbana modelo de Raíces Urbanas ubicada en el barrio de Almagro. El objeto de esto es que los alumnos puedan conocer lo que es una huerta urbana temática, tener una experiencia educativa en ella y aprender acerca de la biodiversidad en las ciudades en las que vivimos. A través de distintas dinámicas lúdicas, los chicos tendrán la posibilidad de recorrer el espacio, aprendiendo sobre los distintos tipos de plantas (nativas, medicinales, aromáticas, hortalizas, etcétera) y su importancia en el Ambiente. La excursión busca que los alumnos puedan repensar de manera colectiva cuál es el lugar de la naturaleza en las ciudades donde vivimos y cómo nos relacionamos con ella.

Segundo encuentro con los alumnos: concurriremos a las escuelas en cuestión para continuar profundizando los contenidos aprendidos en la visita a la huerta demostrativa. Aquí buscaremos que todo lo visto en su excursión, se pueda reflejar y entender en la realidad de los alumnos. Buscamos reflexionar de manera colectiva sobre la relación que tenemos nosotros como seres urbanos con la naturaleza que nos rodea constantemente. Creemos que es de vital importancia que los niños, como pequeños agentes de cambio, reflexionen sobre el impacto, ya sea positivo o negativo, que pueden tener sus acciones sobre el Ambiente.

Capacitación docente: la misma busca fortalecer a los docentes, directivos y a la escuela en general, a través de la articulación entre los alumnos y los contenidos relacionados al cuidado ambiental y a las ventajas de la huerta urbana como herramienta educativa. Buscamos otorgar a los docentes herramientas y recursos para que puedan aplicar estos contenidos en sus aulas.

Trabajo con personal auxiliar: el objetivo es capacitar al personal de cocina sobre cómo gestionar y aprovechar el espacio de la huerta para que sea productiva para el autoabastecimiento. A su vez, se ahondará en conceptos como nutrición infantil y su relación con la gastronomía asociada a este nuevo espacio.

2da etapa(Agosto – Diciembre):

A lo largo de cuatro encuentros, construiremos junto con los alumnos la huerta urbana agroecológica. Esta experiencia vivencial y educativa nos permitirá integrar los conceptos aprehendidos en la primera etapa y ponerlos en práctica mediante el trabajo comunitario y cooperativo entre todos los alumnos. La tarea de organizar y poner en marcha la huerta urbana exige a los alumnos un trabajo de distribución de responsabilidades, de toma de decisiones, de búsqueda de soluciones para nuevos desafíos que requieren pensar nuevos procedimientos y métodos para hacer frente a estas situaciones. Todas estas tareas harán que los alumnos y maestros sean protagonistas del proceso de enseñanza–aprendizaje.

La falta de contacto con el mundo natural no sólo es un impacto negativo en el crecimiento y desarrollo integral del niño y adolescente y en su adquisición de conocimientos, sino que también sienta las bases para una pérdida continua del medio ambiente natural, al crear apatía hacia los problemas ambientales por simple desconocimiento.
Un ejemplo de esta desconexión entre niños/as urbanos y su entorno natural se puede apreciar en su alimentación. El desconocimiento del origen de los alimentos que ellos mismos consumen viene de la mano con la pérdida de su seguridad alimentaria. Esta realidad no es única de los niños de estos barrios marginales, sino que es propia de toda la población de barrios vulnerables.
La antropóloga Patricia Aguirre explica este fenómeno como la formación de dos patrones de consumo diferenciados entre “comida de pobres” y “comida de ricos” (que pueden elegir qué comer). En las últimas décadas, los sectores más populares sufrieron una regresión hacia una dieta más monótona, con participación de pocos alimentos que concentran el 80% del consumo calórico pero que, a la vez, son alimentos de baja densidad de nutrientes respecto al contenido calórico (pan, facturas, cereales, fideos, papas, etc.) El sesgo hacia la búsqueda de volumen, saciedad y sabor coloca a los sectores de menores ingresos en una situación crítica desde el punto de vista nutricional que se manifiesta, principalmente, como desnutrición crónica y obesidad. Esta tendencia, contrasta con la alimentación de los sectores con mayores ingresos, ya que ellos pueden elegir qué comer y cómo. Se configura así, una sociedad de “ricos flacos y gordos pobres”.
En este contexto, las huertas escolares agroecológicas son la herramienta de educación ambiental que puede garantizar la inclusión social y medio ambiental. Las mismas toman la soberanía alimentaria como marco de referencia y la agroecología como manifestación tecnológica y pedagógica.

Tomando como referencia los resultados del estudio “Sondeo de percepción ambiental de los docentes de escuelas primarias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires” realizado durante 2013 por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde se resalta que “la Educación Ambiental ha sido gradualmente incluida en las actividades escolares de la ciudad. Sin embargo, se puede inferir que estas se implementan de manera desarticulada y a través de actividades extracurriculares, las cuales dependen en la mayoría de los casos de la iniciativa que tienen algunas escuelas y del interés particular que puedan tener los docentes”. De esta manera, y buscando proponer soluciones que promuevan el cumplimiento del Artículo 41 de la Constitución Nacional y de la Ley 1687/05, donde se garantiza el derecho al acceso a una educación ambiental de calidad en las escuelas de la República Argentina, diseñamos este programa llamado Semillas de Cambio.

Esta realidad se ve acrecentada en los barrios más vulnerables de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde la falta de regulación en la urbanización y la carencia e inclusive ausencia de espacios verdes es moneda corriente. Según el estudio de la OMS “El estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012”, las urbes deberían disponer de un mínimo de entre nueve y once metros cuadrados de espacios verdes por habitante. Los números de la Dirección General de Estadística y Censos del Ministerio de Hacienda porteño publicados recientemente muestran que la proporción de espacios verdes por habitante bajó de 6 m2/habitante en 2006 a 5,9 en 2014 y si nos enfocamos en los barrios en cuestión, la estadística es aún menor. La falta de contacto con el mundo natural no sólo es un impacto negativo en el crecimiento y desarrollo integral del niño y adolescente y en su adquisición de conocimientos, sino que también sienta las bases para una pérdida continua del medio ambiente natural, al crear apatía hacia los problemas ambientales por simple desconocimiento.

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